top of page

De la emoción a la realidad: Un análisis profundo del Salario Mínimo 2026

Actualizado: 7 ene



Para entender el presente, es indispensable mirar el pasado. Desde 1945, con la creación de la Ley 6, se introdujo en Colombia el concepto de Salario Mínimo. Quienes defienden sus incrementos argumentan que busca proteger al trabajador de la explotación, garantizar la subsistencia básica (alimentación, vivienda y vestuario), reducir la desigualdad y asegurar la estabilidad social. Además, teóricamente, busca fomentar el consumo interno.

Como dato histórico, la base salarial se fijó inicialmente en $2 pesos diarios en 1949 mediante el decreto 3871, el cual también dio vida a la prima de servicios pagadera en junio y diciembre. No fue sino hasta 1984 que se unificó el salario en todo el país, eliminando las variaciones que existían según la región (rural o urbana) y el tamaño de la empresa.

En esencia, el salario mínimo debería perseguir tres objetivos: mantener el poder adquisitivo frente a la inflación (argumento gubernamental), reconocer la productividad según el esfuerzo (visión empresarial) y fomentar la formalidad con todas las prestaciones de ley. Sin embargo, en mi opinión, el trabajo formal es la gran damnificada con las decisiones recientes.


El escenario del 2026: Cifras e impacto inmediato

Este 2026 inicia con un cambio drástico. A través de los decretos 1469 y 1470 de 2025, el salario mínimo aumentó $327.405, ubicándose en $1.750.905, mientras que el auxilio de transporte subió a $249.095 (un incremento de $49.905). Mientras el gobierno y los sindicatos califican este valor como justo, el sector empresarial advierte un incremento descontextualizado que amenaza el empleo.

Desde mi perspectiva, este aumento no generará despidos masivos inmediatos, pero sí frenará la creación de nuevos empleos durante al menos seis meses, especialmente en comercio e industria. ¿La razón? El impacto en la carga laboral es inmediato desde el 1 de enero, pero los ingresos no reaccionan a la misma velocidad.

Existe un efecto de rezago en los precios en especial en los sectores comercio e industria. Las estanterías y bodegas aún tienen inventario adquirido con costos de 2025. Dado que la rotación de inventarios oscila entre 30 y 90 días, el verdadero aumento de precios al consumidor se sentirá con fuerza hacia el mes de marzo. El panorama es distinto para el sector servicios. Aquí el impacto es inmediato, salvo en contratos de largo plazo que deberán renegociarse. Si un servicio depende intensivamente de mano de obra, sus costos se disparan instantáneamente frente a contratos que suelen indexarse al IPC (proyectado entre 5% y 6% para 2025), una cifra cuatro veces menor al incremento decretado del 23%.


El desafío de la liquidez

Esto genera una presión crítica sobre la caja. Las empresas que venden a crédito (30 a 60 días) están recaudando facturas de noviembre y diciembre con precios que no cubrirán los incrementos que deben asumir de nómina de enero y febrero con esos pagos. Financieramente, estos meses son complejos para las PYMES: en enero se paga el IVA cuatrimestral e intereses de cesantías, y en febrero se consignan las cesantías. La búsqueda de liquidez será el reto principal.

 

La cadena de valor y el peso de la nómina

No podemos ver los negocios como islas; la economía es un sistema interconectado. Para dimensionar el impacto en los precios, debemos analizar cuánto pesa la nómina sobre los ingresos en cada sector.

Sector

% de Peso de la Nómina (nomina/Ingresos)

Fuente Principal

Servicios

25.0% - 45.0%

DANE (EAS 2023)

Primario (Agro)

30.0% - 60.0%

UPRA / SAC (2024)

Industria (Manufactura)

6.5% - 7.0%

DANE (EAM 2023/2024)

Comercio

4.0% - 8.0%

DANE (EAC 2023)

 

Tomemos como ejemplo la harina de maíz: antes de llegar a la tienda de tu barrio, antes de plantar una semilla una empresa consultora (servicios) asesora con personal especializado, para estudiar suelos, semillas y procesos de producción, luego esta información se lleva al cultivo por una empresa agrícola (agro) que uso personal para sembrar, cuidar y cosechar, después de recoger la cosecha se lleva a la fábrica (industria) donde el personal proceso y empaco, y finalmente llega a la tienda (comercio) donde el personal pone en estantería y procesa su venta. Cada eslabón de la cadena aplica el incremento de sus costos laborales, creando un efecto cascada sobre el precio final.


El mito del poder adquisitivo

Aquí se derrumba la premisa del gobierno de que un aumento desorbitado mejora la capacidad de compra. Es una ilusión temporal: en enero y febrero, la gente sentirá que tiene más dinero, pero a partir de marzo, el ajuste de precios absorberá ese excedente.

Analicemos dos ejemplos históricos para validar si realmente se gana poder adquisitivo con los aumentos del salario mínimo:


1. El caso de una Moto (Bien durable): Al revisar el histórico desde 1998 hasta 2025, para comprar una moto de entrada (usamos la Boxer de Bajaj para el ejemplo), consistentemente se han necesitado alrededor de 4 salarios mínimos para poder comprarla. A pesar de los aumentos anuales, la capacidad de compra frente a este bien no ha mejorado; el esfuerzo requerido es el mismo que hace décadas.

 


2. El caso de la Leche (Canasta básica): Aquí la situación es más crítica. Al contrario de la moto, la capacidad de compra de litros de leche con un salario mínimo ha disminuido con los años. Esto se debe a que el sector de alimentos tiene una carga laboral mucho más alta, trasladando el costo al producto final de manera más agresiva.

 


Si aumentar el salario nominal fuera la solución, hoy seríamos inmensamente ricos comparados con 1949. La realidad es que el sistema siempre balancea la carga laboral mediante precios.

Efectos colaterales: Aplanamiento salarial y política

Este incremento desproporcionado trae un efecto perverso: el "aplanamiento" de la pirámide salarial. Una persona que a diciembre de 2025 ganaba 1.3 salarios mínimos ($1.750.000 + auxilio), al 1 de enero de 2026 pasa a ganar técnicamente un salario mínimo. Aunque recibe más dinero nominal, su posición relativa cae de 1.3 a 1 SMMLV. Todos aquellos que ganaban ligeramente por encima del mínimo ven reducido su estatus económico real.

Si aumentar la base salarial fuera sinónimo de prosperidad, la historia nos daría la razón; sin embargo, nos da una lección de humildad. De nada sirve haber multiplicado por más 23.000 veces el salario de $60 pesos de 1949  si, al final del día, el esfuerzo para adquirir lo básico sigue siendo idéntico ocho décadas después.

Es difícil no ver esta decisión como un movimiento político mal calculado, considerando las consultas electorales de marzo de 2026, justo cuando los precios se ajustarán. Pareciera un "Harakiri" nacional: al asfixiar la rentabilidad de las empresas (que es de donde sale el impuesto de renta, el principal ingreso de la nación), ponen en riesgo el ingreso fiscal futuro del propio estado. Vieron el error y ahora esperan corregir esto con decretos de control de precios, estos sería un error aún más grave, pues desincentiva la creación de la empresa formal creadora de empleos.


Conclusión: La tecnología como refugio

Ante el encarecimiento de la mano de obra, la inversión en tecnología deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad de supervivencia. Lo que antes parecía costoso, hoy es más rentable que una nómina de $33 millones anuales por persona (costo empresa del mínimo).


Un ejemplo claro es la logística: camiones con elevadores y estibadores eléctricos permiten que una sola persona haga el trabajo que antes requería de varios auxiliares. Este aumento salarial solo acelerará la automatización, convirtiendo inversiones de capital en prioridades estratégicas para mantener la competitividad.


El debate está abierto. ¿Consideran ustedes que este tipo de incrementos impulsan la economía o, por el contrario, aceleran la automatización y la informalidad?

Comentarios


Productos
Aprender
Términos y políticas
Logo del Programa Copiloto de Altura Clúster Empresarial

© DERECHOS RESERVADOS ALTURA CLÚSTER

bottom of page